En Óbidos el tiempo parece haberse detenido. Solo lo parece.
Es esa primera impresión que luego cambiamos cuando palpamos directamente la realidad. Todo ocurre porque Óbidos mantiene y conserva sus atributos esenciales, un cerco amurallado intacto de época medieval y un conjunto urbano en su interior que responde a la misma esencia, moldeada por el paso del tiempo.En Óbidos se da cita la historia toda de todo el occidente desde el neolÃtico hasta nuestros dÃas, sin solución de continuidad.
Es ese halo de pervivencia histórica lo que parece transportar al viajero al pasado, y en verdad que uno siente respirar la historia por sus calles, traspasar las barreras del tiempo, sentir en pretérito perfecto, pero enseguida se palpa vida allÃ, suficiente vida para percibir que aquello no es un fósil, una ballena varada, sino que palpita, siente, rÃe y gime.
Quizá haya sido este fenómeno contemporáneo del turismo lo que la haya arrastrado hasta el presente desde el pasado, o tal vez sea un espejismo, pero en Óbidos hay vida. Se siente, se percibe, se manifiesta. Sus calles principales son hoy dÃa un zoco donde miles de turistas satisfacen su curiosidad y su deseo de trasplantarla y trasportarla en el recuerdo, sus casas, blancas como la cal recién dada, relucen de actualidad en un necesario y grato aggiornamento, que las hace desprender calor humano, mientras sus balcones acicalados de geranios y otras frondosas lozanas y multicolores, le transportan vida. ¿Vida pasajera, diurna? ¿O vida estable y permanente? … El caso es que de dÃa, durante el dÃa, sus calles son un hervidero de gentes llegadas de todas partes para saciar el deseo y la curiosidad de ver en pleno siglo XXI una ciudad viviente del medievo, y ello le ha traÃdo probablemente la energÃa vital y los recursos económicos que no tenÃa, que aseguran (lo traen los tiempos) su supervivencia para rato. Son las consecuencias de haber sido declarada en su dÃa Monumento Nacional. Fuente:extremaduraaldia.com
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