A Castelo Branco no sólo hay que venir por la reconocida fama de sus colchas de lino bordadas con hilo de seda natural. Esta ciudad también merece una visita aunque sólo sea para comprar aceite de Beira Baixa, que tiene Denominación de Origen Protegida y que se exporta desde el siglo XVII. Además, el jardín de su Palacio Arzobispal nos invita al relajo...
Construido en el siglo XVI, el Palacio Arzobispal tiene un sorprendente bello jardín, con estanques, cascadas, setos, flores, sombras, luces y estatuas de los apóstoles y reyes del país. Desde cualquier lugar de Castelo Branco es posible divisar también lo que queda del vetusto castillo que edificaron los Caballeros Templarios. La iglesia de San Miguel, que mezcla sabiamente los estilos renacentista y rococó, y el museo de Arte Sacro son otras visitas obligatorias en esta ciudad que aúna el acervo nobiliario con el gusto por la naturaleza.
Los habitantes de Castelo Branco agradecen que demuestres interés por saber dónde está la ermita de Nossa Senhora de Mércoles, a la que rinden una ferviente devoción. Pues bien, una carretera, de apenas un par de kilómetros, llega hasta este templo desde el que se divisa, al fondo, la cumbre de Sao Martinho. Es, por cierto, la carretera 18-8 la que, desde Castelo Branco, pasa por las faldas del monte, nos permite cruzar el río Ponsul, donde está el castro de Sao Martinho, y llega hasta la aldea de Malpica do Tejo, ya en los dominios que riega el río más largo de la Península Ibérica.
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